El ser humano nace desde un vínculo, y tiende a crear vínculos profundos y de intimidad afectiva.

Cuando dos personas se atraen, se enamoran (idealiza al otro), crean una primera base para, si así lo deciden, establecer una relación de pareja estable.

Las relaciones de pareja evolucionan, y pasan por diferentes fases. El paso de una fase a otra, viene dado porque se produce una crisis en la relación, que puede dar lugar al movimiento hacia una fase diferente.

Ante esta crisis, algunas parejas se quedan estancadas en las mismas y no crecen como individuos ni como parejas, y continúan en la relación en una perpetua crisis.

Otras parejas, ante la crisis deciden separarse.

Y, la otra opción, es que muchas parejas deciden aprender de si mismos y de la relación a través de la crisis, y continuar de forma más satisfactoria en la relación.

Sintomatología

Estas crisis se manifiestan a través de conflictos en la relación, a través de luchas o de carencia de armonía entre los compañeros.

Los conflictos más frecuentes en las parejas son:

  1. Falta de comunicación
  2. Discusiones frecuentes
  3. Necesidades emocionales insatisfechas
  4. Insatisfacción sexual
  5. Desacuerdos económicos
  6. Problemas en la pareja motivados por las familias de origen
  7. Las aventuras sexuales y afectivas fuera de la pareja
  8. Conflictos relacionados con los hijos
  9. Luchas de poder
  10. Danzas emocionales donde las parejas se acercan y se alejan

Causas

Las causas incluyen desde:

  1. Falta de instrumentos para poder reconocer y expresar los sentimientos propios y del otro
  2. Dificultad para el equilibrio entre mis necesidades individuales y las necesidades del otro y las necesidades de la pareja
  3. Factores relacionados con cambios en los valores en la sociedad
  4. Cambios en los roles de hombres y mujeres en las parejas, hetero u homosexuales
  5. Dificultades económicas, o cambios laborales
  6. El nacimiento de los hijos
  7. Conflictos individuales que se proyectan en la relación de pareja, como pueden ser los Trastornos de Personalidad
  8. Problemas en el estilo de apego (forma de vincularse desde la infancia) que nos hacen ser más o menos confiados, y seguros o desconfiados e inseguros en la pareja
  9. Experiencias traumáticas en uno u ambos miembros de la pareja durante la infancia o la adolescencia
  10. Problemas psíquicos que se ponen de manifiesto en la relación

Tratamiento

El abordaje terapéutico para los conflictos de pareja en nuestro Centro de Psiquiatría y Psicología Dr. José Díaz Morfa, es integrativo.

Empezamos por una evaluación de la pareja y de los individuos que la conforman.

Después de la evaluación, se le explica a la pareja cuales son sus dificultades, las posibles causas y el tratamiento a seguir.

En general, durante el tratamiento:

  1. Se mejora la comunicación
  2. Se reducen las discusiones
  3. Se ayuda a comprender que los conflictos son algo circular, y que logren darse cuenta y modificar, en que contribuyen, cada uno de los miembros, en los conflictos
  4. Se emplean múltiples estrategias para profundizar en las causas que subyacen a estos conflictos, que favorezcan la elaboración de la crisis y el paso a una siguiente fase en las relaciones satisfactorias.

Utilizamos técnicas de modificación de pensamiento y de la conducta, expresión adecuada de las emociones, trabajamos con lo sistémico de los conflictos y analizamos las causas más profundas que subyacen en dichos conflictos.

Es decir, integramos diferentes teorías y técnicas psicoterapéuticas para comprender y superar los conflictos de pareja.

Terapia breve de grupo con parejas

Se presenta un abordaje para la terapia de parejas, desde la terapia de grupo breve, se hacen observaciones sobre los criterios de selección, la secuencia del proceso grupal, los temas claves sobre el grupo de parejas, y las intervenciones terapéuticas, teniendo en mente conceptos como el de identificación proyectiva, colusión y triángulos del conflicto.

En las parejas, con frecuencia, encontramos una secuencia de conductas y comunicaciones conflictivas, lo que podríamos llamar «discusiones». A través de estas, se manifiestan conflictos inconscientes de cada uno de los compañeros, en la relación. Realmente, este tipo de secuencias de las discusiones, se repiten cientos de veces, durante la vida de una pareja.

Generalmente, uno puede pedirle a las parejas que describan cómo son sus discusiones, las pautas, quién la inicia, respecto a qué tema o temas, con qué tono, como continua el otro, como terminan, etc. Comprobamos que ellos pueden describir con todo lujo de detalles cómo son sus discusiones, a la vez que se dan cuenta, que les es imposible modificarlas, debido a la carga de ansiedad y de defensas que hay en ellas.

En la terapia de grupo, donde pueden estar cuatro parejas, debemos empezar comprendiendo cuales son las secuencias de interacciones conflictivas -discusiones- de las diferentes parejas. Partiendo del concepto de identificación proyectiva (Melanie Klein), podemos comprender cómo los compañeros son atraídos el uno por el otro, en parte, debido a que cada uno de ellos, es el recipiente de las proyecciones inconscientes del otro. Por ejemplo, el caso de un hombre, huérfano de madre, que creció con un padre taciturno, que aunque con mucha capacidad intelectual, se desarrolló sintiéndose torpe y tímido, cargando con las convicciones de su padre, de vergüenza e inferioridad. Protegiéndose a sí mismo contra estos afectos dolorosos, el chico creció siendo cauteloso, y como su padre, crítico hacia el comportamiento de los demás, particularmente con aquellos de los que se sentía dependiente. Se casó con una mujer brillante, tímida, que había sido continuamente criticada por su madre, por el «defecto» de no poder alcanzar el nivel intelectual de su hermana.

El marido no pudo poner de manifiesto y apoyar los logros de su esposa, sino más bien destacar sus comportamientos «incompetentes». Ella no era eficiente en la cocina o no cuidaba bien a los niños.

La mujer recibió y aceptó estas atribuciones. Ella había proyectado en su marido la imagen objetal de su madre insatisfecha, y él incorporó esto inconscientemente. Es decir, la pareja compartía el mismo conflicto, sobre la competencia, pero parecían manifestar roles opuestos sobre el mismo tema. Ella aparentemente era torpe e inepta, y él racional y habilidoso. Surge la colusión, donde hay un mismo conflicto común, sólo que se manifiesta defensivamente a través de conductas opuestas (Willi, 1978).

La discusión surge cuando el marido, debido por ejemplo, al estrés en el trabajo, niega su dependencia y aumenta sus proyecciones de incompetencia sobre su mujer. Ella se siente entonces completamente devaluada, como se sentía de niña, esto no puede soportarlo más y contraataca a su marido-madre. La discusión entonces, (podemos así entenderla) representa un intento de los compañeros para no identificarse durante más tiempo con estos papeles, -aunque sin darse cuenta lo repiten- rechazando las proyecciones del otro, y estableciendo una identidad más realista en la relación.

Lo que ocurre es que las proyecciones del compañero activan realmente escisiones de uno mismo negativas, largamente sostenidas. De modo, que cada uno de los compañeros inconscientemente está en parte convencido de la validez de la acusación del compañero, que se vive como vergonzosa. En la discusión, ellos se revelan contra las proyecciones del compañero, en un intento de no confirmar la idea patológica que tienen sobre si mismos y que el otro les refleja. Ellos están intentando moverse hacia la parte sana de la relación, pero no se sienten seguros de si es esa la dirección correcta o si es el modelo adecuado.

En general, las parejas no son conscientes de las raíces inconscientes de sus conflictos y de sus discusiones. Ellos son conscientes de algunos de sus sentimientos, como el miedo, la rabia, el desconcierto o la confusión.

En sus intentos por ganar las discusiones, ellos quieren mostrarse inocentes ante el compañero o buscan alguna fórmula para resolver la discusión, que realmente les conduce a la frustración. Lo que da lugar a que tiendan al aislamiento, a sentirse culpables, impotentes, confusos o agresivos. Según este patrón se repite, se sienten desanimados, cansados y desesperados o llenos de rencor.

Hay diferentes caminos u opciones para ayudar a estas parejas enfrentadas, desanimadas o abatidas. En el contexto que ahora nos ocupa en la terapia breve de grupo con parejas, creo que el psicoterapeuta debe de plantearse dos conceptos básicos:

1.- Los compañeros tienen que comprender la conexión entre el presente y su situación de pareja actual y su pasado y sus relaciones con figuras parentales. Por ejemplo, la mujer del caso anterior, tendría que comprender el paralelismo entre su situación con su marido crítico y con su madre crítica.

2.- Cada miembro de la pareja necesita descubrir y admitir los sentimientos conflictuados inconscientes que provienen de los problemas no resueltos en las familias de origen y que ahora se ponen de manifiesto en la relación de pareja (Díaz Morfa, J., 1998). El marido debe empezar a sentir su dependencia y su miedo a la incompetencia. No debería durante más tiempo proyectar sus conflictos en la esposa para que ella los realice. Si el paralelismo entre el pasado y el presente puede ser significativamente establecido, y si los sentimientos y afectos reprimidos pueden ser traídos a la consciencia, cada uno de los compañeros necesitará proyectar menos, y reaccionar menos y comportarse menos en función de las proyecciones del otro.

La secuencia de la comunicación conflictiva, es decir, la discusión, será el punto de partida de la sesión psicoterapéutica, pero ¿cómo comprender más profundamente esta discusión?. Podemos centrarnos en tres aspectos, viendo la acción entre tres puntos fundamentales en la terapia de pareja en grupo:

  1. La discusión
  2. Los problemas no resueltos de la familia de origen
  3. Los rasgos del carácter.

Es adecuado centrarse en estos tres aspectos durante las primeras fases de la terapia de grupo, que además implica el intentar que el individuo y la pareja, puedan relacionar aspectos y situaciones del presente con su pasado, así como con rasgos de su carácter y sus mecanismos de defensa.

Los triángulos del conflicto (Figura 1) muestra en esquema como la pareja se queda fijada, cuando importantes conflictos encubiertos son suprimidos debido a la ansiedad (con frecuencia, la agresividad), y porqué las parejas se mueven hacia una solución sin salida, defensiva, como puede ser la identificación proyectiva, como un intento para manejar y estabilizar su mundo interno angustioso y sus relaciones externas.

Es importante sacar a la pareja de esta solución excluyente, sin salida. La pareja tiene que identificar y soportar cierto grado de ansiedad, para que de este modo pueda abandonar estas soluciones defensivas y puedan comprender emocionalmente los sentimientos ocultos que están detrás de este conflicto de defensa-ansiedad. Para las parejas, estos conflictos encubiertos usualmente no dejan ver los deseos desesperados de aceptación y cooperación mutua, con lo cual ambos se mantienen con algo de esperanza.

Si en el ejemplo anterior, él comprende que sus acusaciones hacia ella representan una conducta defensiva por su parte y no un defecto real de ella, podrá reconocer su temor a ser incompetente, valorar las cualidades de ella y salir de la identidad co-creada con el padre, así como satisfacer su necesidad de sentirse valorado y romper con el patrón interaccional repetitivo, aprendido en su familia de origen.

Intento que en el grupo la pareja se dé cuenta de estos triángulos de conflicto, y sobre él se trabaja.

En general, podemos llegar a comprender que la manifestación de las conductas conflictivas en la pareja, esa secuencia de interacción conflictiva que hemos dado en llamar la discusión (o el silencio), puede ser observada como si dos triángulos se tocaran en el vértice de las soluciones defensivas –Los triángulos del conflicto. Es necesario poner esta dinámica de manifiesto para mitigar la ansiedad, y que salgan a la luz los conflictos encubiertos.

Principios terapéuticos en la terapia breve de grupo con parejas.

Los principios claves en la terapia breve de grupo con parejas son los siguientes:

Ayudar a que cada pareja describa cuales son sus secuencias conflictivas de interacciones. La discusión. Cada miembro de la pareja define cuál es su role en estas discusiones, y el terapeuta y los demás miembros del grupo, piden más información acerca de la secuencia o detalles de las interacciones.

Se introduce a la pareja a relacionar el presente con el pasado. Se intenta que cada miembro del grupo pueda conectar sus problemas actuales con asuntos no resueltos de su familia de origen y rasgos de su carácter. Por ejemplo, pueden comprobar cómo el comportamiento sumiso de un compañero con su mujer es similar al que tenía su padre con su madre.

Hacerles ver cómo mi comportamiento induce la conducta del otro. Que aquella conducta manifiesta que conscientemente no me agrada del otro, inconscientemente yo la provoco con mi conducta, para defenderme de una tendencia o aspecto mío, que me resulta amenazante. Prefiero ver que ella es muy dependiente, con mi actitud independiente, provoco que ella así se comporte, para no enfrentarme con mi dependencia. Lo mismo ocurre en sentido inverso de ella hacia mi.

Se le ayuda a la pareja a comprender que sus discusiones son una solución defensiva a los conflictos relacionados con su carácter y con la familia de origen.

Se describe los triángulos del conflicto para cada pareja. Se buscan ansiedades específicas y soluciones defensivas, muchas de las cuales, serán heredadas de temas familiares no resueltos. Por ejemplo, ella es muy agresiva porque teme ser controlada por su marido, como antes lo fue por su madre.

Buscar el contacto emocional. Cuando cada miembro de la pareja, primero se da cuenta de sus soluciones defensivas, y ve las ansiedades que tienen que ver con estas soluciones, finalmente hay que intentar que tome contacto emocional con los conflictos encubiertos subyacentes.

En cada pareja hay que consolidar este contacto emocional e identificar y reforzar los cambios que van teniendo, para que les puedan servir como herramientas para enfrentar los conflictos futuros.

Criterios de selección.

Después de una evaluación a la pareja acerca de sus conflictos actuales y otras áreas de la relación, así como de una evaluación individual y de una historia clínica de cada uno de los miembros de la pareja, se elige un grupo de entre tres y cinco parejas que no presenten graves conflictos personales.

Se excluyen parejas donde hayan intentos de suicidio o graves psicopatologías individuales, o cuando hay consumo de drogas. También se excluye en estos grupos a las parejas que estén en proceso de separación o divorcio.

De los temas importantes a evaluar, está la motivación de la pareja para el cambio. Es transcendental pedir a la pareja un compromiso de asistencia a las sesiones de grupo.

Duración.

La duración de estos grupos de terapia breve para parejas, es de unas 24 sesiones, con una frecuencia de una sesión grupal a la semana, de dos horas de duración.

Cohesión grupal.

En el grupo, la cohesión es análoga a la alianza terapeútica de la terapia individual. Es importante apoyar la cohesión grupal, particularmente desde el inicio de las sesiones. Una vez establecida la cohesión es más probable que el grupo pueda atravesar todos los estadios de la evolución grupal. Si la cohesión no se logra, el grupo fácilmente se atascará y no habrá proceso de cambio. Una razón habitual de la terapia de grupo con parejas para que se aborte la cohesión es que una o más parejas abandonen el grupo o no pueden asistir regularmente al mismo, lo cual impide un compromiso y una intimidad grupal. También puede dificultar la cohesión grupal si hay algún miembro del grupo que sea extremadamente paranoide, o muy agresivo o muy invasor respecto a la intimidad de los demás.

Estadios del proceso grupal.

Los Cochés (1990) describen cinco estadíos de su terapia de grupo con parejas, con una duración de un año:

  1. Unirse.
  2. Empezar la fase de trabajo.
  3. Insatisfacción o crisis grupal.
  4. Trabajo intenso
  5. Terminación

Creo que estas fases implican una descripción general de cualquier terapia de grupo breve, que puede ser aceptable para describir la secuencia de un trabajo grupal.

En la primera fase las parejas se presentan los unos a los otros y se les pide que describan sus discusiones. Habitualmente, de forma más o menos espontánea, los miembros del grupo aportan información valiosa sobre la historia de la pareja, datos sobre sus historias personales, si ha habido divorcios anteriores o no, algunos detalles de su familia de origen o alguna enfermedad importante, etc. Es una etapa de conocimiento de los unos respecto a los otros, donde hay que moverse lenta pero activamente.

En esta etapa inicial, el director del grupo facilita la participación de los miembros del grupo, y es una herramienta eficaz destacar las similitudes entre las diferentes parejas o individuos del grupo. Con esto se intenta conseguir la cohesión grupal. Y sencillamente se destacan algunos aspectos biográficos que sean similares, por ejemplo, señalar que dos miembros de diferentes parejas, los maridos, tienen un padre alcohólico, o señalar que dos mujeres del grupo son las más jóvenes de sus respectivas familias, etc. El objetivo es preparar al grupo para que pueda aceptar una atmósfera de intimidad creciente, donde se facilita la participación y el contacto con los demás, así como la expresión de los sentimientos.

Como señala Yalom (1986) desde el inicio de un grupo, el terapeuta necesita capitalizar los factores curativos del grupo, es decir, la esperanza, la aceptación, la auto-revelación, y la universalidad, para construir la cohesión grupal.

En la segunda fase se intenta una vez que se conocen mejor los miembros del grupo y las parejas entre sí, que puedan describir con más detalle y fundamentalmente con una mayor carga afectiva, cuales son sus discusiones. En general, hay que vencer el temor de los miembros de la pareja, a ser agredidos por el otro, delante del grupo, ya que están todavía en una fase de acusación mutua, es decir, donde prevalecen las soluciones defensivas. Una herramienta terapéutica útil para conseguir una mayor profundización en sus sentimientos y conflictos emocionales que subyacen, es la utilización de técnicas psicodramáticas, como la escultura, (Díaz Morfa, 1995; López Barberá, E. y Población, P., 1997).

A través del trabajo psicodramático, no solamente se consigue que las personas adopten otros roles o tomen conciencia de sus conflictos más profundos, sino que también les permite relacionar su situación actual con sus problemas no resueltos en la familia de origen, en el pasado. Así, como poder ver y aceptar sus partes negadas y proyectadas en el otro, a través por ejemplo, de las técnicas del cambio de roles.

Se les ayuda a comprender que su conducta de agresividad, y de acusación o de aislamiento, es una solución defensiva, aprendida en el pasado, que oculta su ansiedad, miedo o culpa, que esto induce una reacción determinada en el compañero, con lo que perpetua el patrón y roles aprendidos en su infancia y las necesidades no satisfechas -encubriendo así, los conflictos no resueltos, relacionados con su historia familiar, habitualmente conflictos que surgen de la relación con uno o ambos progenitores o de la relación entre sus padres (Figura 2), lo que da lugar a una fijación-regresión a conflictos de determinadas épocas del pasado (Willi, 1978; Díaz Morfa, 1998).

Luego como es habitual, al final de cada sesión grupal-psicodramática, los demás miembros del grupo comparten sus sentimientos y situaciones similares, que les permite no sólo encarar sus propios conflictos, sino que también le ofrecen una nueva visión o unas «escenas» multiplicadas, a la pareja protagonista.

Las parejas pueden ahora comprender que sus discusiones tienen un significado psicológico individual para ellos y que entre otras cosas este patrón sirve para intentar satisfacer importantes necesidades emocionales en ambos compañeros. Empiezan a comprender que la semillas de sus discusiones actuales, fueron sembradas hace mucho tiempo en sus familias de origen y que ninguno de ellos merece los reproches que se hacen el uno al otro. Realmente, la pareja todavía no sabe como llevar a cabo con esta introspección un cambio efectivo, pero con la decisión de redefinir y observar sus discusiones en términos psicológicos y como conflictos no resueltos del pasado, versus acusaciones y reproches en el presente, se les ofrece una oportunidad para construir el cambio.

Como podemos observar en estas dos primeras etapas del proceso grupal, se han descrito las discusiones, se ha introducido la relación entre el pasado y el presente, y se ha descrito la intersección de las soluciones defensivas que subyacen a las discusiones.

Algunos autores (Cochés, 1990; y Budman y col., 1994) describen una clara fase de crisis en los grupos breves, marcada por la desilución con el lider, y algunos conflictos o crisis entre los miembros del grupo, después de una fase de profunda cohesión grupal. Otros como Donovan (1987), no encuentran una marcada crisis a mitad del proceso grupal en los grupos breves debido, a que los vínculos están más centrados entre los miembros de las parejas y de las parejas entre ellas, que dirigidos hacia el líder.

En los grupos de terapia breve con parejas, se suele describir una fase de mayor actividad de cambios terapéuticos en la pareja, debido al conocimiento de que hay un número de sesiones limitadas, y habitualmente a mitad del proceso, se produce esta mayor actividad de cambios internos y externos en las relaciones de pareja.

Esto quizás es debido al conocimiento de que el tiempo es limitado o a la comprensión por parte de las parejas de que el terapeuta sólo es un facilitador, que ellos deben hacerse cargo de sus cambios. Generalmente, en esta fase aparecen sentimientos más profundos que logran ser compartidos entre los miembros de cada pareja y con las demás parejas.

La pareja comprende con mayor profundidad la multicausalidad de los conflictos, que le conducen a sus discusiones, lo que incluye temas intrapsíquicos, interpersonales, los relacionados con la familia de origen, etc. Todos ellos de forma entrelazada, creando una estructura dinámica que les ayuda a comprender el porqué de su situación actual. A partir de este momento, generalmente las parejas inician un cambio en sus vidas cotidianas. Cada miembro de la pareja empieza a darse cuenta y a aceptar su responsabilidad en los conflictos de pareja, sin sentimientos de culpabilidad y sin necesidad de defenderse.

En esta etapa, a nivel del grupo, vemos que el papel del terapeuta se hace menos activo, ya que los miembros del grupo muestran y mantienen una mayor iniciativa para compartir sus descubrimientos. El papel del terapeuta, en este momento, es de poder interpretar algunos conflictos más profundamente, pudiendo el grupo asimilarlo. Esto es posible debido a que la ansiedad es menor y a que las defensas son mucho más flexibles.

En este punto, algunas parejas preguntan cómo utilizar de forma práctica el descubrimiento a cerca de sí mismos y del otro, mientras que otras parejas espontáneamente comparten en el grupo, cómo han podido poner en práctica, pautas de comportamiento y de comunicación nuevas, en su vida cotidiana. La posibilidad de escuchar sin miedo, permite que la libertad traiga consigo la oportunidad de crear nuevas formas de relacionarse, olvidándose de repetir los patrones de apego del pasado.

En los grupos de terapia breve con parejas, cuando se llega a las últimas sesiones, a la fase que podríamos llamar de terminación, se habla del momento de la separación, donde se suele hacer un repaso de lo vivido, de lo compartido, de algunos momentos o sesiones más significativas para los miembros del grupo, y de paso esto sirve para que los miembros de la pareja, consciente o inconscientemente trabajen el proceso de separación, no solamente de las figuras parentales, sino un proceso de mayor individuacion dentro de la relación con su cónyuge. A veces es útil recordar a los miembros de la pareja, aquellas herramientas que ellos mismos han encontrado, diseñado u aprendido, para poder evitar las continuas discusiones que marcaban las pautas interaccionales en su relación.

Algunas características que deberíamos tener en cuenta todos los terapeutas que trabajamos con parejas en terapia de grupo breve son las siguientes:

La primera es que el terapeuta debe tener una actitud activa, debe de ser participativo, en parte debido al tiempo limitado de la terapia, y segundo, porque se intenta que los miembros del grupo contacten con sus sentimientos, y emociones desde las primeras sesiones. Uno no debe dudar en intentar facilitar de forma activa, que la pareja interactúe a un nivel mucho más emocional, pudiendo compartir claramente, qué están sintiendo en determinadas situaciones, que surgen en las sesiones grupales, o utilizando las escenas psicodramáticas, para que los compañeros contacten con sus emociones más profundas, y de esta forma, ir en la dirección de atravesar las defensas, elaborando la ansiedad, para llegar a los conflictos encubiertos, a través de esos sentimientos profundos, que logramos poner de manifiesto y compartirlos.

La segunda característica es la importancia de crear una alianza y una cohesión grupal.

Y la tercera, centrarse en estos grupos breves con parejas, en lostriángulos del conflicto, de manera que los miembros de la pareja sepan qué están buscando, y sobre que deberían hacer más énfasis en este trabajo grupal.

Se puede, partiendo de la discusión, indagar sobre las raíces de este patrón de interacción, sobre lo que tiene que ver con la familia de origen y a partir de ahí, también poder destacar el rasgo de personalidad de cada uno de los cónyuges, que tiene que ver con ese patrón en la familia de origen, que permite que ahora en el presente, se siga repitiendo la situación conflictiva del pasado, por ejemplo, a más quejas de ella, más silencio de él y viceversa, repitiendo tal vez, la relación de sus padres o la relación de él o ella con su madre o padre o con ambos.

En muchos de estos grupos de terapia breve de pareja, es importante tener una o dos sesiones de seguimiento, cada tres meses. Nos ayuda entre otras cosas, además de mantener en la pareja una actitud de cuidar lo que ellos han logrado, a evaluar la continuidad de los cambios conseguidos.

Muchas de estas parejas con frecuencia, piden ayuda para resolver algunos conflictos individuales, en terapia individual o un porcentaje no desdeñable, piden ayuda para poder continuar la terapia de pareja fuera del marco grupal.

TERAPIA BREVE DE GRUPO CON PAREJAS.

BIBLIOGRAFÍA

Budman, SH; Simeone, P.G; Reilly, R., y Demby, A. (1994). Progress in short-term and time limited group psychotherapy: Evidence and implications. In A Fuhriman y G.M. Burlingame (Eds.). Handbook of Group Psychotherapy: An empirical and Clinical Synthesis. New York: Wiley.

Coché, J., y Coché, E. (1990). Couple group psychotherapy. New York: Brunner and Mazel.

Díaz Morfa, J. (1995). Dinámica de la relación de pareja y psicodrama psicoanalítico. La Hoja de Psicodrama, nº 10 – Año III, Abril-Marzo. Madrid

Díaz Morfa, J. (1998). Prevención de los conflictos de pareja. Madrid, Olalla Ediciones.

Donovan, J.M. (1987). Brief dynamic Psychotherapy: Toward a more comprenhensive model. Psychiatry, 50, 167-183.

López Barberá, E. y Población, P. (1997). La escultura y otras técnicas psicodramáticas aplicadas en psicoterapia. Barcelona. Paidós.

Willi, J. (1978). La pareja humana: relación y conflicto. Madrid, Ediciones Morata.

Yalom, I.D. (1986). Teoría y práctica de la psicoterapia de grupo. Méjico. Fondo de Cultura Económica.

 

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